En este artículo: importancia de los pies en las posturas de yoga, primera clase de yoga.
Por Elea Bárcena
Fotografía: Julio Cruz
Publicación: lunes 9 de enero, 2012
En Yoga se trabaja con los pies descalzos. Cuando llegué a mi primera clase y me dijeron es sin zapatos pensé –qué a gusto- desabroché los tenis, los coloqué en el rack de madera y entré al Shala. Cuando la maestra me indicó que era sin calcetines y observé que nadie más traía, ya no me pareció tan cómoda la idea, por el contrario lo sentí como un desafío, en aquella práctica me sentí al desnudo. No me gustaban mis pies.
Los occidentales hemos perdido la sensibilidad de nuestras plantas al contacto con la tierra. Tenemos pies torpes, pies que rechazamos por ser flacos, gordos, por tener demasiado empeine o carecer de arco. Las mujeres además, tenemos pies enjuiciados por la moda, alejados del barro por elevarse al cielo mediante el uso de tacones cada vez más altos, que comprimen los metatarsos hasta acalambrarlos. Tenemos pies aprisionados, condenados a vivir antinaturalmente, a no respirar, metidos por 12 horas en su prisión pret à porter. La vida contemporánea sólo relaciona al sentido del tacto con las manos, nunca con los pies que parecen más bien una extensión del zapato. Los metemos y los sacamos en bloque, se nos olvida que al igual que las manos tienen dedos que sienten y se mueven. Las plantas de los pies son nuestras raíces, el Yoga nos hace una invitación abierta a reconectarlas con la tierra.
Las primeras asanas o posturas que se enseñan durante el curso de Iniciación al Yoga que impartimos maestros de Yoga Espacio bajo la dirección de Jñana Dakini, tienen que ver con los pies y las piernas, tienen que ver con el elemento tierra. Debido a que éste nos ayuda a trabajar con la estabilidad en nuestro cuerpo y en nuestra vida. La tierra se localiza hacia las piernas, rodillas y pies; e internamente en músculos, nervio ciático, huesos, dientes, uñas, intestino grueso y recto.
Una de las posturas básicas de tierra es Suptapadangustasana. Recuerdo la placentera sensación de alargamiento que me produjo esta asana cuando la conocí, sabiendo que yo no era precisamente, flexible. Recostada sobre el piso, escuchaba la voz clara y firme de mi maestra dando las indicaciones. Flexioné la rodilla derecha y tomando un cinturón con ambas manos, lo coloqué en el pie derecho. Comencé a estirarlo y a elevarlo y experimenté una sensación completamente nueva en mi corva que me hizo suspirar. Empezaba a despertar la energía de ambas piernas sintiéndolas más vivas.
Cuando llegué a Yoga Espacio me recomendaron el uso de props, es decir, elementos que apoyaran la práctica como: cinturones, bloques, cobijas, etc. Cosa que al principio me incomodó. -Pero si llevo tres años practicando- -Yo puedo hacerlo sola- Decía mi aferrado discurso interno. Hasta que entendí que, como en mi vida, tenía que aprender a recibir apoyo. Nuestros cuerpos occidentales, a no ser que seamos bailarines o acróbatas, no están entrenados en conceptos como el alargamiento y la flexibilidad. Cuando empecé a ver fotografías de los grandes maestros en India parados de cabeza o haciendo flor de loto, me di cuenta que son cuerpos que desde que tienen memoria hacen yoga. Cito a Patricia Cardona, investigadora y crítica de danza, quien al respecto del sistema educativo en nuestro país comenta en su libro La percepción del espectador “El proceso escolar y de socialización, es uno de alejamiento del propio cuerpo para entrar en el dominio pasivo de la lecto/escritura y las matemáticas. Jamás se fomenta la importancia de este cuerpo como medio de conocimiento, como archivo de información emocional y vivencial”.
Otra de las posturas que me ayudaron a contactar con el suelo es Tadasana o postura de la montaña, donde reaprendí lo que es estar de pie. Para entrar a ella, obligadamente empecé a observar mis pies y a reconciliarme con ellos. Las piernas tenían que estar alargadas, fuertes, el sacro hacia la tierra, el pecho abierto, la mirada suave. Tadasana pareciera una postura aparentemente inactiva, sin embargo, contiene mucha energía en sí misma.
Después de la montaña conocí el árbol, Vrksasana. Donde comienzas a contactar con un elemento fundamental dentro de este noble camino: encontrar el equilibrio ¿Suena fácil no? Yo pensé lo mismo, pero para un principiante nunca lo es. Entrar al árbol me provocaba una serie de trepidaciones internas, lo más alejadas del concepto equilibrio. Se manifestaban a través de la risa franca que me hacía caer, mi cuerpo parecía de gelatina. Había días en que, por el contrario tenía la mirada tensa y el cuello y los hombros, mi cuerpo se iba de lado como en bloque, parecía de cemento. Eso sí, una vez que logré permanecer en el árbol, hubo una deliciosa sensación de plenitud y aquí cito una de mis definiciones favoritas que da el maestro Desikachar, hijo de Krishnamacharya, uno de los más grandes yoguis de la era moderna, quien define en su libro El Corazón del Yoga , “Yoga es, alcanzar lo que antes nos fue inalcanzable”.
Estas tres posturas, por sencillas que parezcan nos adentran en el conocimiento de nuestro cuerpo físico y sus cuatro elementos: tierra el cuerpo, agua la sangre, aire el aliento y fuego el espíritu.
Porque ciertamente, mis pies no salieron huyendo de aquella primera práctica, sino por el contrario se sintieron por primera vez tomados en cuenta, disfrutaron el descanso de la postura final, shabasana. Una voz suave y melodiosa dirigió la relajación de esta postura, en la que pude contactar con una sensación de integración en mi cuerpo. La música y el olor a incienso despertaron en mi memoria unas palabras de Patricia Cardona. “El cuerpo es fuente de conocimiento de primera mano. Es el espejo del funcionamiento del planeta. Es un pequeño planeta”. Supe pues que había iniciado mi camino en el Yoga.
Artículo: Elea Bárcena su agradecemos tu amable colaboración y tiempo, si tienes algún comentario dirígelo a eleabarcena@hotmail.com
Yoguini: Elea Bárcena, Elea es directora de Sei Yoga en San Luis Potosí donde imparte clases y cursos de Yoga en San Luis Potosí en Sei Yoga
Fotografia, encuadre y Diseño Gráfico: Julio Cruz
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