En este artículo: el Caballo y su Zanahoria, de Julieta García Pardo, filosofía del yoga, peregrinación a India, Swamijii, meditación, Dhyana, trataka.
Por Julieta García Pardo
Fotografía: Julieta García Pardo
Publicación: martes 13 de julio, 2010
Con desgano volví a la clase. Ese día Swamijii, llamado así de cariño por sus adeptos, nos mostró su mala (un collar de madera tipo rosario) y nos dijo: “Este mala está hecho de una madera que, cuando la tallas o la quemas despide un hermoso olor. Seamos como el mala, mientras más difícil sea la situación, mientras más dolorosa, seamos más compasivos, más amorosos; despidamos el más bello olor como el mala. Siempre que estemos en momentos difíciles ofreceremos sólo belleza, sólo en tiempos difíciles es cuando podemos volvernos más hermosos. Sentí como si me estuviera hablando directamente a mí. Era sabido que Swamiji meditaba todas las noches en el salón visualizando la energía de los alumnos que habían estado ahí sentados por horas, así le llegaban los temas sobre los que debía hablar a la mañana siguiente. Por esa razón Swamiji solicitaba que, habiendo tomado un lugar, permaneciéramos en él durante todo el curso; así la energía podía ser más nítida y él podría percibir mejor nuestras necesidades. Un par de veces sucedió que antes de siquiera levantar la mano para hacer una pregunta, Swamiji se dirigiera a mí con la respuesta a lo que estaba en mi mente.
Nos habló también sobre el contento. “Dios algunas veces te mandará lo que necesitas, no necesariamente lo que quieres. Debes saber que todo tiene una razón de ser, tarde o temprano lo entenderás. No hay necesidad de pedir nada, todo llegará a su debido tiempo. Aprende a ser feliz con lo que eres, con lo que tienes”, dijo. En ese momento algo hizo clic en mi cabeza. Recordé cuando le pregunté a Shiva por qué me había enfermado. Y es que mi momento con el yoga físico, había terminado. Ahora me correspondía entrar a filosofía y meditación, otra etapa de mi aprendizaje. Ese día volví a cambiar mi avión para quedarme más tiempo. Esto es algo muy común entre los viajeros en India, por cierto. A veces la amas, a veces la odias pero nunca te quieres ir.
Dos meses, día tras día, asistí a las clases de Swamiji, una hora de meditación por la mañana y tres horas de filosofía por la tarde. Cada clase era una pequeña iluminación, donde nos hablaba sobre tradiciones, filosofía, escrituras sagradas, yoga, pero sobre todo sobre amor. “Esto es Yoga kindergarden”, nos decía con humor mientras comenzábamos la meditación para llegar a Dhyana, un estado meditativo el cual consiste en liberar de la mente todas las distracciones y deseos por medio de la concentración. Algunas veces practicábamos trataka, un método de concentración que consiste en mantener la atención con los ojos bien abiertos hacia la flama de una vela. Hay que sostener la mirada sin parpadear por el mayor tiempo posible, y una vez que los ojos comienzan a llorar, éstos se cierran y se visualiza en el entrecejo nuevamente la flama.
Conforme avanzábamos en la práctica de trataka, Swamiji nos introdujo a prácticas más avanzadas de visualización de chacras las cuales, decía, es necesario hacer con sigilo, ya que son muy poderosas. Esto se hizo evidente al poco tiempo, ya que muchos de nosotros llegamos a tener sensaciones de remolinos de energía en distintas partes del cuerpo y generalmente algún tipo de cosquilleo en las manos y en la coronilla. Siempre nos recordaba practicar el noble silencio al finalizar la meditación y por las noches para que los resultados de la meditación continuaran por mas tiempo. Una de las noches después de realizar la meditación con chacras, mientras dormía, literalmente sentí un hormigueo en toda el área de mi pecho, como si saliera un cosquilleo desde el centro de mi pecho hacia todas las direcciones. Al día siguiente Swamiji me dijo que mi corazón se había abierto.
Artículo: Julieta García Pardo, maestra de yoga, directora del Centro Vaimukta Yoga este texto es un extracto del libro "El caballo y su Zanahoria" escrito por Julieta García Pardo agradecemos su valiosa colaboración y tiempo.
Yoguini: Julieta García Pardo, maestra de yoga, imparte clases en el Centro Vaimukta Yoga
Fotografia: Julieta García Pardo, agradecemos su generosa colaboración y tiempo
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